Televisores Hisense
Hisense U8Q: ¿La MiniLED que ha venido a decirles a las OLED que se quiten de en medio?
Pocas veces una tele ha conseguido que me ponga a recoger mi mandíbula del suelo. Y menos aún, una MiniLED.
Mi relación con la tecnología es, como poco, complicada. Siempre busco el «pero», el resquicio, la mota de polvo en el cristal. Pero, amigos, esta Hisense U8Q me ha hecho dudar de mis propias creencias. Y no es solo por los chorrocientos nits o el diseño imponente.
Es la combinación de todo lo que te esperas de una tele de gama alta, y alguna sorpresa que no te esperas en absoluto. Así que, sin más preámbulos, preparaos para dejar la tarjeta de crédito a un lado, porque una vez que leáis esto, os va a picar el gusanillo.
Y como es mejor una imagen que mil palabras (o más), aquí tenéis el análisis en vídeo, por si queréis verlo aún más impresionante:
La primera impresión es la que cuenta (y la U8Q lo hace de diez)
Lo primero que te encuentras al abrir la caja es su peana.
Y, por el amor de Dios, qué peana.
Pesada, metálica, de esas que te dan una seguridad de que la tele no se va a ir volando con el primer golpe de aire.
Me acuerdo de la U8NQ del año pasado, y cómo me costó montar la peana porque, claro, yo soy muy de “primero la hago, luego leo las instrucciones si no funciona”. Spoiler: casi siempre acabo leyendo las instrucciones.
Pero Hisense ha aprendido la lección y ha hecho un diseño mucho más inteligente y robusto. Además, tiene dos posiciones, una de ellas pensada para los que, como yo, usamos una barra de sonido.
Un detalle que parece una tontería, pero que te ahorra un dolor de cabeza y una pelea con los cables.
Una vez montada, lo primero que me llamó la atención es su grosor. Y sí, es gruesa. No es una tele de perfil ultradelgado que se te camufla en la pared.
Pero es que no lo necesita. Su diseño es tan limpio y minimalista que, de hecho, se ve genial incluso de perfil. Y la parte trasera… ¡completamente lisa! Ideal para colgarla como si fuera un cuadro, sin protuberancias ni cacharros que sobresalgan. Es una oda al diseño funcional.
Y ya que estaba cotilleando la trasera, me di cuenta de algo que me hizo sonreír: los altavoces no solo están abajo, sino que los midwoofers están en la parte trasera y hay más altavoces distribuidos por todo el perímetro.
Esto, unido a un sistema de sonido Atmos real, ya te da una pista de que en esta tele han pensado en todo, o casi.
Conexiones y paneles: Unas de cal y otras de arena
Cuando le di la vuelta para ver las conexiones, me llevé una pequeña sorpresa, aunque no del todo agradable.
Tres puertos HDMI 2.1. ¿Cómo?
A ver, que está genial, que llegan hasta los 165Hz, que es una barbaridad y que la preparan para el futuro del gaming sin problema.
Pero, ¿dónde está el cuarto?
Pues aquí: un puerto USB-C en el lateral izquierdo. Es una forma sencilla de conectar otros dispositivos con un adaptador y, francamente, es más práctico de lo que parece.
Un detalle crucial que hay que tener en cuenta es el panel.
El modelo de 65 pulgadas, que es el que he podido probar, lleva un panel VA. Sin embargo, los modelos de 55 y 75 pulgadas tienen un panel IPS ADS. ¿Qué significa esto? Pues que el contraste y los negros serán superiores en el modelo de 65 pulgadas.
Y sí, la pantalla es glossy, lo que significa que vas a ver reflejos. Pero, sinceramente, yo soy de los que lo prefieren antes que un panel mate.
El color y el contraste me parecen más vibrantes y puros. Es una elección personal, pero ya sabes mi opinión: los reflejos se pueden controlar, la calidad del panel es lo que es.
El software y la magia del ajuste
La primera vez que encendí la tele, vi que el sistema operativo es Vidaa.
A estas alturas, ya no es ninguna sorpresa. Y aunque entiendo que haya gente que le tenga manía a los sistemas propios y prefieran el viejo conocido Google TV, de verdad, dale una oportunidad a Vidaa.
Prácticamente tiene todas las aplicaciones de streaming que puedas necesitar y, lo que es más importante, va como un tiro. Es fluido, intuitivo y no te da quebraderos de cabeza.
Pero pasemos a lo que de verdad me importa a mí y a los que, como yo, buscamos la perfección: los ajustes.
Como siempre, mi punto de partida es el modo Filmmaker, que es lo más cercano a una calibración de fábrica que hay.
Lo ajusté todo siguiendo mi guía:
y fue en ese momento cuando empecé a entender la verdadera magnitud de este televisor.
Utilicé mi patrón de comprobación de negros, uno de esos que suele sacar a la luz todos los problemas ocultos de una tele.
Y aquí, la Hisense U8Q me dejó alucinado.
No solo no se apreciaba nada raro, sino que las bandas scope (esas franjas negras que aparecen en las películas) eran… ¡absolutamente negras!
Puse la cámara en un ángulo para buscar fugas de luz, y nada. Cero. Absolutamente nada. Es como si la tele estuviera apagada en esas zonas. Sinceramente, no esperaba este nivel de control en una MiniLED.
Y claro, como soy muy puñetero, después de terminar de ajustar todo, me fui a las demos que más me gustan.
La demo del ajedrez, que es una pesadilla para cualquier tele. Y nada, mi mandíbula se desprendió del resto de mi cara. No estaba preparado para unos niveles así.
Pero entonces me dije a mi mismo (y a la tele): ¡Te voy a pillar! Así que me fui a la demo del Gecko.
No, no, no.
¡Es que no es normal! ¡Los negros, Maripuri, los negros!
De verdad, tuve que subir una foto a nuestro canal de Telegram porque me parecía de otro mundo.
El día a día con la U8Q: TDT y streaming
Ya sé que es un rollo, pero tengo una metodología y hay que seguirla. Y eso incluye ver la TDT.
Ya sabéis lo complicado que es para las teles gestionar una señal caótica como la de la televisión digital terrestre.
Pues bien, la Hisense U8Q lo hace muy, muy bien. La gestión de la imagen es impresionante.
Pero, seamos honestos, estamos en 2025.
La mayoría de nosotros nos hemos mudado a las plataformas de streaming, donde la calidad es superior y tenemos más opciones. Y aquí es donde la U8Q saca su verdadero músculo.
El paseo en barco en la peli de los tiburones en el Sena en Netflix es una maravilla. Luminoso, con un contraste fantástico, y con una calidad que te deja boquiabierto. Al fin y al cabo, estas son las imágenes que esperas ver en una tele de esta gama.
Pero el verdadero test de una tele es cómo se comporta en los extremos. Y la U8Q solventa con nota muy alta las escenas más oscuras.
Puse la serie de Sandman y el detalle en las sombras es perfectamente visible. Las bandas negras permanecen inmutables, o al menos yo no noté ningún brillo extraño.
Aquí ya sí que le puse en un aprieto, con planos super complejos. Y la tele aguantó como una jabata.
Es cierto que si pauso la imagen y subo la exposición de la cámara, puedo notar un poco de blooming, puedes verlo en el análisis en vídeo.
Pero, seamos serios, eso es casi hacer trampa. Una tele se ve en movimiento, no parada.
Me fui a Monster Hunter, una peli oscurísima. Y ya desde el principio, con los logos y los textos sobre fondo negro, me quedé sin palabras.
El control de la luz es brutal.
Y en el caos de la carrera de Ready Player One, con un festival de luces y colores, la tele se comporta de manera espectacular.
Sí, hay trazas de blooming, pero son tan leves que la inmensa mayoría de la gente lo pasará por alto.
Para ellos, será un negro absoluto, y eso, en una MiniLED, ya es una victoria.
Intrigado, decidí ir un paso más allá y reproduje mi patrón de Local Dimming.
Y claro, ahora entiendo el porqué de todo.
El blooming que genera la tele es mínimo, pero es que el salto entre zonas es imposible de detectar. No, no es que sea difícil, es que no se puede.
Puedo afirmar sin dudarlo que es la primera MiniLED en la que he visto un manejo tan exquisito de las zonas de atenuación.
Datos técnicos y el «pero» (siempre hay un «pero»)
No todo es perfecto en esta vida. Y en la de las teles tampoco. Todas mis pruebas las he hecho de frente.
En el momento en el que me he ido de lado, he notado que el contraste baja y el color también. Es algo inherente a los paneles VA, pero es importante tenerlo en cuenta.
Aunque, eso sí, las bandas negras siguen estando inmutables.
Y ahora, a la parte que a muchos les da pereza, pero que es tan importante como todo lo anterior: los números.
En SDR, con la luz a 30, la sonda me midió casi 150 nits y unos 6580º Kelvin, cifras casi perfectas para entornos con poca luz.
Pero si te gusta el brillo, esta tele te lo da. Subiendo la luz a tope, obtienes unos cegadores 700 nits a pantalla completa en SDR. No te lo aconsejo, claro. Allá tú.
En HDR, la cosa se vuelve de locos. Unos 3000 nits en un 30% de la pantalla. Una salvajada.
Con estos datos, yo te diría que desactives el tone mapping dinámico, ya que aunque te dará un pico de nits superior, también puede levantar la imagen en algunas escenas.
Y un último punto técnico que me ha sorprendido: el sonido. La tele tiene un sistema Atmos de verdad, con altavoces en la parte superior.
Pero, a pesar de que la idea es buena, cuando reproduces contenido con sonido Atmos, la verdad es que la experiencia no es la mejor.
Es más, yo te recomiendo desactivarlo y usar los altavoces normales.
Y en cuanto a los codecs, no hay mucho que decir: reproduce casi todos, salvo el Dolby TrueHD.
El veredicto final: ¿Es una OLED Killer?
Llegamos a la pregunta del millón. ¿Es esta MiniLED una «OLED killer»?
Mi respuesta es: no.
Pero, ¡ojo!, le planta cara, y le planta cara de una manera que pocas teles han hecho antes. Me ha hecho dudar de mis propias preferencias. Y eso no es fácil, os lo aseguro.
Yo, ante una OLED y una LCD, siempre elegiré la OLED por esa pureza de negros, el pixel autoemisivo es imbatible.
Pero esta Hisense ha estado a punto de hacerme cambiar de opinión. Y eso, amigos, es un logro tremendo.
Que tiene cosas que mejorar, claro. ¿Qué tele no las tiene? Pero es un televisor tan redondo, tan completo y tan bien ejecutado, que es difícil no rendirse a su encanto.
El hecho de que las MiniLED estén plantándole cara a las OLED de esta manera solo significa algo bueno para nosotros como consumidores.
Tenemos acceso a teles más grandes, más baratas y con una calidad que hace unos años era impensable. Así que salimos ganando todos.

