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Proyectores

Te doy las CLAVES para comprar este TCL C1: el proyector que no te esperas por 250 €

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Voy a ser directo contigo desde el principio: cuando me llega un proyector de TCL a las manos, mis expectativas no vuelan precisamente por las nubes.

TCL es una marca que conocemos todos por sus teles, esas que encuentras en cualquier centro comercial con una relación calidad-precio que deja a más de uno con la boca abierta.

Pero, ¿un proyector portable? ¿A 250 euros?

Aquí es donde uno empieza a fruncir el ceño y a prepararse para las decepciones.


Spoiler: no llegaron.

Este TCL C1 me ha sorprendido, y mira que me gusta hacerme el difícil. Así que voy a contarte todo lo que necesitas saber antes de comprarlo, sin rodeos, sin florituras de marketing, y con algún que otro comentario sarcástico que me reservo el derecho de soltar cuando proceda.

¿Empezamos?

Pues puedes empezar por ver como se las gasta este TCL C1 en el análisis en vídeo que tenemos en el canal, aquí:

Unboxing: lo que te encuentras dentro de la caja marrón de siempre

Seré honesto: la caja es la caja marrón de siempre. Nada de esas cajas de Apple que parecen una obra de arte y que tardas diez minutos en abrir porque te sabe mal estropear el packaging.

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Aquí tenemos cartón, foam negro y proyector. Punto.

Eso sí, el proyector en sí tiene una pinta bastante decente. Pesa alrededor de 1,7 kg, así que no es de esos artilugios que te hacen pensar que tienes un ladrillo en las manos, pero tampoco es el típico cacharro de bolsillo que te metes en el bolsillo del abrigo. Es compacto, manejable, y tiene ese acabado que transmite solidez sin pretender ser un proyector de sala de cine.

¿Qué hay en la caja, exactamente?

Dentro del embalaje encuentras:

  • El proyector TCL C1, claro está.
  • El mando a distancia, con sus dos pilas incluidas. Sí, con pilas. Detallazo.
  • La guía de usuario en varios idiomas, con un código QR que te lleva directamente a la web del producto para consultar especificaciones completas.

El mando merece mención aparte. Es pequeño, ligero, tiene un click en las teclas que me ha gustado bastante, y cuenta con botones de acceso directo a YouTube, Netflix y Prime Video.

Lo justo, lo necesario, sin pretensiones. Mucho mejor que los mandos horribles que suelen incluir los proyectores de gama baja, ese plástico chirriante que parece que se va a romper si aprietas con demasiado entusiasmo.

El diseño: lo que realmente importa

Ahora sí, hablemos de lo que diferencia a este proyector de otros en su rango de precio, porque aquí es donde el C1 se saca un as de la manga.

El TCL C1 puede rotar hasta 285 grados. Léelo de nuevo: doscientos ochenta y cinco grados. Eso significa que puedes proyectar prácticamente en cualquier dirección, incluyendo el techo, lo cual convierte cualquier habitación en un cine particular con una facilidad pasmosa.

Esta flexibilidad no es un capricho de diseñador; es la baza principal de este proyector, y en la práctica funciona de maravilla.

En la parte trasera tienes lo esencial: botón de encendido, una entrada HDMI con soporte para señal 4K, sensor para el mando de infrarrojos, un puerto USB y un jack de 3,5 mm para conectar cascos o altavoces externos.

También puedes conectarlo por Bluetooth a una barra de sonido, o incluso a través de eARC si lo quieres integrado de forma permanente en tu setup.

Y en la parte inferior, el típico agujero estándar de 1/4 de pulgada para trípode o soporte de techo.

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La óptica está sellada, lo que significa que el polvo no tiene forma de colarse dentro y estropear la imagen con el tiempo. Un detalle que agradeces cuando piensas en la vida útil del aparato.

Primer encendido: cuando la magia (o el drama) comienza

Aquí es donde muchos proyectores fallan estrepitosamente. El primer encendido suele ser una odisea de menús, ajustes manuales, correcciones trapezoidales que nunca quedan del todo bien, y al final acabas mirando la pared con una imagen ligeramente trapezoidal resignándote a que «tampoco está tan mal».

El TCL C1 no va por ese camino.

Enciendes el proyector, lo orientas más o menos hacia la pared o pantalla, y en cuestión de segundos el sistema lanza el autoenfoque. Después viene la autocorrección trapezoidal. Todo automático, todo sin que toques un solo botón.

Proyectando sobre 100 pulgadas a unos 3 metros de distancia, el resultado es una imagen correctamente enfocada y encuadrada en un tiempo que da vergüenza compararlo con lo que tardabas ajustando manualmente los proyectores de hace unos años.

Google TV: la diferencia que marca la diferencia

Aquí viene uno de los grandes argumentos de venta de este C1, y no es un argumento menor: lleva Google TV oficial. No una versión recortada de Android con cuatro apps genéricas, no un sistema propietario con una tienda de aplicaciones llena de títulos que no conoces. Google TV, el mismo que tienes en muchas teles modernas.

Esto significa que tienes Netflix, YouTube, Prime Video, Disney+ y miles de aplicaciones funcionando de forma nativa, con todas las garantías de compatibilidad que eso implica. Y digo «garantías» porque importa más de lo que parece: muchos proyectores de bajo coste no pueden ejecutar Netflix de forma oficial por no tener la certificación correspondiente. El C1 la tiene.

Punto para TCL.

Los ajustes de imagen: para los que les gusta trastear

Si eres de los que se conforman con encender y listo, puedes saltarte esta sección. Si eres de los que disfrutan ajustando parámetros hasta que la imagen queda perfecta, sigue leyendo.

El proyector tiene un menú de ajuste de pantalla accesible desde el mando, con opciones para enfoque automático y manual, ajuste trapezoidal, zoom digital y reposicionamiento de la imagen.

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Mi recomendación personal: tras dejar que el sistema haga su magia automática, dale un repaso manual al ajuste trapezoidal. Suele quedar bien solo, pero un pequeño toque fino nunca hace daño.

También hay un modo de altavoz Bluetooth, que permite usar el proyector como si fuera un altavoz externo conectando el móvil. No es algo que vaya a usar a diario, pero mola tener la opción ahí.

Un pequeño pero: el reproductor multimedia integrado no soporta DLNA, lo que puede ser una molestia si tienes contenido en un servidor de la red. La solución es un pendrive, y a seguir viviendo.

La imagen: hablemos con honestidad

Llevo un rato hablando de características, diseño y software, pero lo que de verdad quieres saber es cómo se ve la imagen.

Y aquí tengo que ser especialmente cuidadoso, porque la imagen de un proyector depende enormemente del entorno en el que lo uses


El TCL C1 tiene resolución nativa 1080p y 230 lúmenes ISO. Esos 230 lúmenes son una cifra certificada de forma independiente, lo cual es relevante porque muchos fabricantes de proyectores baratos juegan con los números de brillo de una forma creativa que roza lo surrealista.

En oscuridad total: una grata sorpresa

En un ambiente completamente oscuro, el C1 ofrece una imagen que está por encima de lo que cabría esperar a este precio.

Los colores están bien reproducidos, el negro es más que aceptable para ser un proyector de esta categoría (el negro perfecto en proyección sigue siendo una quimera, ya sabemos todos cómo funciona esto), y la nitidez en 100 pulgadas a 3 metros es bastante buena.

Y aquí viene la sorpresa del análisis: aunque en las especificaciones técnicas no aparece mencionado explícitamente, este proyector soporta HDR de forma nativa.

Lo descubrí lanzando contenido en YouTube, donde apareció el cartel identificando la señal HDR y modos de imagen específicamente etiquetados como tal. Un detalle que TCL debería haber destacado más en su marketing, porque es un argumento de venta real.

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Con algo de luz ambiente: los límites son los que son

No te voy a engañar: en cuanto metes algo de luz en la habitación, la imagen se resiente. Esto no es un problema exclusivo del C1; es la realidad física de cualquier proyector portable en este rango de luminosidad.

Si quieres disfrutar de la imagen al máximo, necesitas oscuridad. O cortinas de blackout. O las dos cosas.

Gaming en 100 pulgadas: sí, funciona

Conecté una Xbox Series X por HDMI, y aquí llegó otra sorpresa agradable: el proyector reconoce señal 4K. La consola confirma 4K y HDR en sus ajustes de pantalla, aunque el proyector procesa todo a 1080p nativo.

Lanzando Crimson Desert, el resultado visual es completamente satisfactorio a 60 fps, y la experiencia de jugar en 100 pulgadas tiene algo de adictivo que cuesta explicar hasta que lo pruebas.

Para gaming casual y en pantalla grande, el C1 es una opción más que válida. Para gaming competitivo donde cada milisegundo cuenta, buscarías algo con menor latencia de entrada, pero ese no es el público objetivo de este proyector.

El sonido: cumple sin brillar

El altavoz integrado de 8W con Dolby Audio cumple su función. No es el altavoz de tus sueños, no va a sustituir a ninguna barra de sonido decente, pero para ver una serie o una película ocasional sin montar todo un setup de audio, hace lo que tiene que hacer.

Si buscas algo más, el Bluetooth o el jack de 3,5 mm están ahí para eso.

Lo bueno, lo regular y lo que mejoraría

Después de pasar un buen rato con el TCL C1, tengo las ideas bastante claras sobre dónde brilla y dónde tiene espacio para mejorar.

Lo que me ha gustado

La portabilidad y el gimbal de 285 grados son el punto diferencial del equipo. Poder colocarlo en cualquier sitio, orientarlo en cualquier dirección y tener imagen donde quieras en cuestión de segundos es una ventaja real en el uso cotidiano. No hay que ser muy creativo para imaginar los escenarios donde esto resulta enormemente práctico.

Google TV oficial con Netflix certificado es otro punto que pesa. La experiencia de uso es fluida, familiar para cualquiera que haya usado una tele moderna, y elimina la necesidad de conectar ningún dispositivo adicional de streaming. Todo integrado, todo funcionando.

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El autoenfoque y la corrección automática funcionan de verdad. No son esas funciones que están en las especificaciones pero que en la práctica te obligan a hacer tres ajustes manuales después de todos modos. Aquí el proceso automático deja la imagen lista en segundos.

El soporte HDR no anunciado es una sorpresa que hay que valorar positivamente. Que TCL no lo haya destacado en su marketing es un misterio, porque es un argumento real.

El precio: 250 euros. Para todo lo que ofrece este proyector, es difícil encontrar algo comparable en esta franja.

Lo que mejoraría

La luminosidad es el talón de Aquiles. 230 lúmenes ISO son suficientes en oscuridad, pero cualquier fuente de luz ambiente degrada la imagen de forma notable. En futuras versiones del producto, más brillo sería bienvenido sin ninguna duda.

La ausencia de DLNA en el reproductor multimedia integrado es una pequeña molestia para los que tienen contenido en red local.

El altavoz único cumple, pero un sistema dual hubiera elevado la experiencia de audio de forma significativa.

Conclusión: ¿lo compro o no lo compro?

Voy a ahorrarte el suspense: si buscas un proyector portable, versátil, con sistema operativo decente y a un precio que no te deja sin presupuesto para el resto del mes, el TCL C1 es una opción sólida y honesta.

No es el proyector de quien quiere montar una sala de cine dedicada con todo el ritual que eso implica. No es el proyector del entusiasta que se pasa horas calibrando colores con sonda y software especializado.

Pero para el resto del mundo, para los que quieren pantalla grande en el salón, en el dormitorio, en el jardín o en casa de un amigo con solo meter el aparato en una mochila, este C1 hace exactamente lo que promete y a veces un poco más.

A 250 euros, con Google TV oficial, HDR nativo, corrección automática de imagen y ese gimbal de 285 grados que convierte cualquier superficie en pantalla, TCL ha construido algo que tiene mucho más sentido de lo que parece desde fuera.

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Y eso, en este mercado saturado de productos mediocres con marketing espectacular, merece reconocimiento.
¿Que podría ser mejor? Por supuesto. Siempre puede ser mejor.

Pero la pregunta no es si podría ser mejor, sino si para lo que cuesta ofrece lo suficiente. Y la respuesta, en este caso, es que sí.
Ahora ve a apagar las luces y disfruta de tus 100 pulgadas.

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